Uso y abuso de la IA

Data de Star Trek

Hace años, muchos años, que soñaba con la llegada de la IA. Adoro el género de la ciencia ficción (por eso es lo que más escribo) y la idea de conversar con naturalidad con un ordenador ha estado presente desde tiempos inmemoriales. De hecho, en muchas de mis historias hay inteligencias artificiales con un peso importante en la trama. Por eso, cuando escuché que iban a lanzar los primeros modelos de lo que ahora conocemos como «IA» (aunque técnicamente aún no lo sean), reconozco que me emocioné. Las primeras conversaciones que tuve con ChatGPT fueron como un sueño hecho realidad. No tardamos mucho en darnos cuenta de que, en realidad, queda mucho camino por recorrer hasta conseguir una IA auténtica, pero no tengo dudas de que la conoceremos en no demasiado tiempo.

La cuestión es que, en estos últimos años, hemos pasado de la curiosidad a una auténtica revolución, y no siempre para bien. La competencia feroz entre las compañías que intentan crear la mejor «inteligencia» nos está dejando varios aspectos preocupantes. El consumo masivo de recursos es uno de los fundamentales. El otro, más inmediato, es la sustitución apresurada de mano de obra especializada por chatbots. Es evidente que no están listos para eso, ni la sociedad puede dar un salto tan drástico sin la debida preparación.

Creo que, en un futuro lejano, la humanidad no debería necesitar trabajar en tareas mecánicas. Los seres humanos deberíamos vivir para pensar, crear, explorar y mejorar nuestra civilización y nuestro planeta… no para malgastar la vida encerrados ocho horas al día, cinco días a la semana. Debemos apuntar más alto… pero aún no es el momento. Todavía no.

Y no quiero dispersarme, porque otro de los grandes problemas al que nos enfrentamos es la degradación de la creación artística, ya sea en la ilustración, la literatura u otras disciplinas. No debería ser así, desde luego, y confío en que esto sea, en gran medida, una moda pasajera.

Por eso quiero dejar las cosas claras desde el principio: no defiendo el uso de la IA generativa para crear arte. Lo que estamos viendo en la actualidad es abuso, saturación y pura pereza creativa.

Dicho esto, también creo que es un error meter todo en el mismo saco.

No toda la IA es lo mismo

Cuando se habla de «la IA», se suelen mezclar conceptos muy diferentes:

  • IA Generativa: es la que crea imágenes, textos, vídeos o música a partir de prompts. Es la cara más visible y, hoy por hoy, la más problemática.
  • Modelos de lenguaje (LLM): como ChatGPT, Gemini o Grok. Son herramientas estupendas para conversar, resumir o automatizar ciertas tareas tediosas, pero carecen de una comprensión real del mundo.
  • IA Especializada: es la que realmente está logrando avances impresionantes, porque está diseñada para resolver problemas científicos o técnicos muy concretos.
  • IA General o AGI: la inteligencia que realmente pensaría y crearía de forma autónoma. Esa todavía no existe.

Ejemplos que sí aportan valor real

La IA especializada está consiguiendo avances que antes parecían de ciencia ficción:

  • AlphaFold (de DeepMind): resolvió en gran medida uno de los mayores desafíos de la biología: predecir con enorme precisión cómo se pliegan las proteínas. Un problema que llevaba más de 50 años sin resolverse y para el que se calculaba que necesitaríamos más tiempo del que le queda al Universo. En 2022 liberaron las estructuras de casi 200 millones de proteínas, revolucionando la investigación de medicamentos y la comprensión de enfermedades. En 2024, Demis Hassabis y John Jumper recibieron el Premio Nobel de Química por este hito.
  • Medicina y diagnóstico: sistemas especializados en imagen médica ya igualan o superan a radiólogos experimentados en la detección precoz de ciertos tipos de cáncer. Estudios publicados en Nature y The Lancet demuestran cómo estos modelos detectan tumores con menos falsos negativos, lo que se traduce directamente en vidas salvadas.

Estos sistemas no están sustituyendo el alma humana: están ampliando nuestra capacidad para entender el mundo y resolver problemas reales.

El problema real: el abuso de la IA Generativa

Donde sí creo que debemos ser profundamente críticos es en el uso masivo e indiscriminado de la IA generativa para producir «arte». Se está utilizando de forma irresponsable: saturando el mercado de contenido superficial y devaluando el trabajo de quienes ponen años de experiencia, esfuerzo y vivencias en cada una de sus obras.

La creatividad humana sigue siendo insustituible. Nace del dolor, de la fascinación, de las noches en vela, de las heridas que no cierran y de las imperfecciones que nos hacen reales. Una máquina puede imitar estilos y patrones, pero no puede sentir el peso de una mirada que te cambió la vida.

Por eso defiendo un uso responsable de la tecnología: como una herramienta de apoyo para explorar ideas o agilizar procesos mecánicos, pero jamás como un sustituto del alma creativa.

Al final, la IA generativa no va a matar al arte. Lo único que puede matarlo es que los propios lectores y creadores dejemos de valorar lo auténtico, lo imperfecto y lo profundamente humano.

Samantha F. Lewis signature

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